Yo me revestía de la justicia
Y yo le servía al vestido.
Tenía mi rectitud por manto y
Por turbante.
Job. Capítula 29, 14
El vestido puede evocar fantasía y ensueño. Es un símbolo del hábito vital de la forma exterior. La vestimenta nos ha dado individualidad, las distinciones, los refinamientos sociales.
El ropaje nos reafirma la evolución de Homo-sapiens, es una recordación de sabernos un tanto menos animales, un paso más en la cadena evolutiva.
El vestido aparece en la era primitiva como necesidad de protección del clima y de las agresiones de la naturaleza; es el vestido también es una forma de comunicación, de simbolismos, del contacto diario e inconsciente que hacemos con lo inorgánico y se hace parte del cuerpo mismo. Algunos trajes estereotipados de los roles cotidianos, constituyen una evidencia de su gestión dentro de la sociedad, otros refieren un estilo de vida y de opinión (de pensamiento).
Igual que evoluciona el ser humano, evoluciona el traje, es una forma de ritualizar la diferencia, de identificarnos dentro de la masa, la cultura y la individualidad.
A medida que se teje la historia de la humanidad, se teje también la forma de llevar el vestido. Sus signos y símbolos son incluso más notorios, la aparición de accesorios decorativos dentro del hábito del vestirse hace las veces del otro cuerpo que se adhiere al nuestro.
Habitamos el vestido en la necesidad de construirnos límites dentro de un ámbito espacial y/o territorio que desligue lo íntimo de lo privado; en las comunidades, guetos, sociedades abiertas y diferentes culturas.
El traje adquiere otros simbolismos y significados, ¿será posible construir personajes dramáticos acompañados solo de una mágica apariencia plástica que le aporta el vestuario? Para hacer efectiva la conceptualización del vestuario en un montaje teatral es importante conocer la pieza dramática, autor, estructura, estilo, tiempo ficcional, acciones de los actores e incluso escenografía. La intuición por si sola es poco confiable, el vestuario en la puesta en escena, a de ir en conjunción con la plástica escénica para así hacer armonía o disonancia deliberada con el resto de los elementos que intervienen en la puesta en escena.
Es así como el traje deja de ser una simple membrana que cubre la desnudez, para reflexionar sobre el vestido a otro nivel; pensarlo como símbolo, como elemento de seducción, objeto teatralizable y vehículo comunicacional.
(Lucero Gómez - Fragmento de "El traje, piel que teje la dramática cotidiana"






